La Herradura amaneció cubierta de desechos tras las celebraciones. No fue el mar quien ensució la costa, fue la falta de conciencia ciudadana
Tras la Navidad, la playa La Herradura, en Chorrillos, no dejó una imagen de descanso ni de encuentro familiar, sino un retrato incómodo de lo que ocurre cuando el espacio público se confunde con tierra de nadie. Bolsas, botellas, restos de comida y plásticos quedaron esparcidos sobre la arena, evidenciando una conducta que se repite cada feriado: disfrutar primero, responsabilizarse nunca.
Las imágenes difundidas en redes sociales no solo muestran basura, revelan una profunda carencia de respeto por lo común, por el otro y por el entorno.
No se trata de falta de tachos ni de fiscalización, sino de educación y cultura cívica. La playa no pertenece a una municipalidad ni a una temporada; es de todos, pero también es responsabilidad de todos.
Mientras se exige limpieza, seguridad y orden, se ignora el deber básico de no ensuciar. La Herradura no quedó así por casualidad: quedó así por decisiones individuales que, sumadas, generan un daño colectivo. Una escena que debería provocar reflexión, pero también vergüenza ajena.
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