Cuando la ética se vende al mejor postor, el periodismo deja de ser vigilancia y se convierte en cómplice
En el Perú vivimos una crisis de valores que atraviesa todas las instituciones, y la prensa no es la excepción. Hoy, informar debería ser un acto de servicio, pero para muchos se ha vuelto un negocio donde la verdad se negocia y la moral se archiva. Son pocos los periodistas y empresarios que se niegan a callar lo inmoral a cambio de favores disfrazados de “publicidad”. Esa práctica, tan común en provincias, erosiona la credibilidad y convierte al periodismo en un eco del poder, no en su contrapeso.
Cuando el interés personal pesa más que el interés público, la ética muere. Y con ella muere también la confianza del ciudadano, cansado de medios que hablan de verdad, pero la ocultan cuando les conviene. El periodismo debe volver a su esencia: investigar, incomodar, revelar. Porque solo una prensa libre y valiente puede romper el círculo vicioso de corrupción que asfixia al país. La verdad no se vende; se defiende.
¡EL SILENCIO TE DELATA!
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