Fernando Rospigliosi minimiza una reunión secreta y reafirma la crisis moral del Congreso
Sin mayor esfuerzo, Fernando Rospigliosi vuelve a asegurarse un lugar en la lista de los congresistas más cuestionados del país. Esta vez, el parlamentario optó por la burla para restarle importancia a la evidente reunión secreta entre el presidente de la República, José Jerí, y un empresario chino.
Lejos de exigir transparencia o dar explicaciones de fondo, el exabanderado del antifujimorismo —hoy alineado con aquello que antes denunciaba— redujo el episodio a una frase tan ligera como ofensiva para la inteligencia ciudadana: “Le gusta el chifa, pues. ¡Déjenlo!”.
La sonrisa cómplice y el tono condescendiente no hicieron más que reforzar la percepción de doble moral que persigue a buena parte del Parlamento.
Mientras el país exige claridad, control político y coherencia, algunos legisladores responden con sarcasmo y normalizan lo irregular. El juicio queda en manos del lector: ¿vale la pena seguir confiando en este tipo de representantes?
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